Biólogos que buscan potenciar lo que comemos

Desde síntesis alimenticia para prevenir el cáncer de colon hasta prototipos de harina de zanahoria se vienen generando en los laboratorios del Instituto de Biología Experimental de la Universidad Central de Venezuela (UCV) desde hace dos años a través de un proyecto que desarrolla la Corporación para el Desarrollo Científico y Tecnológico (Codecyt), institución que estará mostrando estos progresos en la II Feria Internacional de Ciencia y Tecnología (Fictec 2018). 

Desde sus instalaciones en Bello Monte, un grupo de licenciados o estudiantes de los últimos semestres de Biología de la UCV se despliega a través de tres de los laboratorios haciendo experimentos, indagando, caracterizando y proponiendo ventajas en materia alimenticia alrededor de tubérculos y frutos esenciales en la dieta básica.

Todo comenzó con una propuesta para preparar semillas de café, zanahoria, cacao, ajo, fresas, batata, ñame y papa según las necesidades que han ido planteando los productores con los que la alianza científico-campesina trabaja en el campo.

El proyecto se inicia en el Laboratorio de Mejoramiento Vegetal con la producción in vitro de semillas que provienen de plantas élites o madres que reúnen condiciones agroecológicas comprobadas en distintos tipos de suelos.

Seguidamente, la producción de microplantas o microtubérculos se lleva a una fase de aclimatación en el Laboratorio de Nutrición Mineral de plantas silvestres, donde se producen bioinsumos mediante hongos y microorganismos eficientes que pueden ayudar a que la planta absorba de mejor manera los nutrientes, de forma natural, evitando el uso de divisas para la importación de agroquímicos.

Finalmente, se desarrolla una tercera etapa en el Laboratorio de Polisacáridos Vegetales donde se hace la evaluación de calidad nutricional de los alimentos, procurando condiciones óptimas.

Tomando en cuenta que la mayoría de las semillas que se utilizan en el país para la producción agrícola son importadas y no cumplen con las condiciones fitosanitarias apropiadas, lo que se está logrando en el IBE con financiamiento del Ministerio de del Poder Popular de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología es generar simientes aptos para la región, libres de patógenos que puedan contribuir a la producción masiva de alimentos de comprobada calidad nutricional que cubran el 100% del mercado nacional y sin generar gastos en dólares debido a la importación de materia prima.

HÉROES DE BATA BLANCA

Yaifré Reina lleva tres años en el laboratorio y se siente orgullosa del esfuerzo que está haciendo por el país. Es una licenciada en biología de 34 años de edad que se especializa, dentro del Laboratorio de Mejoramiento Vegetal, en hacer el cultivo in vitro bajo condiciones asépticas.

Su área de trabajo es el Cuarto de Crecimiento, donde se hacen progresar las plantas en frascos bajo condiciones controladas de humedad relativa y medios con nutrientes adecuados.

El cultivo in vitro que se desarrolla en el laboratorio es de micropropagación, mecanismo biotecnológico que se basa en la multiplicación masiva con el objetivo de obtener la mayor cantidad de plantas en el menor tiempo posible.

Su tesis de grado se denominó “Establecimiento de un banco de germoplasma del ñame”, con la que halló la huella dactilar de estas microplantas.

La verdad es que nuestro trabajo es importante, porque a través de esto se obtienen semillas libres de patógenos que se le pueden entregar a los productores garantizándoles que están totalmente limpias”.

Génesis Apolinario es una rubia de casi 1.80 metros de estatura y 27 años de edad que se enamoró de la biología en bachillerato, cuando un profesor le descubrió un mundo infinito de posibilidades.

No quiso estudiar ni comunicación ni hacerse estrella del voleibol aprovechado su belleza y su tamaño, sino que se metió de lleno en la microbiología a la que se dedica con pasión.

Trabaja en el diagnóstico y caracterización de bacterias patógenas de plantas, ya que esto constituye una de las grandes limitantes en los cultivos del campo venezolano. Hay unas que son muy agresivas, altamente patógenas, por lo que la investigación y recomendaciones de laboratorio son imprescindibles para alcanzar semillas de alta calidad, con sucesiones de cultivo que no es posible alcanzar con semillas importadas, y son producto de los investigadores del país, garantizando alto rendimiento en la cosecha.

Antonio Indriago es el más joven del Laboratorio de Mejoramiento Vegetal. Tiene 23 años y cursa el octavo semestre de la carrera. Es uno de los encargados de la siembra de las semillas y cuidado de las plantas establecidas en un pequeño invernadero desde donde arranca todo el proceso, tras extraer los esquejes (fragmentos de las plantas separados con una finalidad reproductiva) a los que se les aplica lavado y desinfección para despojarles el estrés del ambiente natural, y luego implantarlas in vitro.

Su trabajo puntual es con el banco de germoplasmas de papas, caracterizarlas tanto morfológica como molecularmente, para crear cartillas que permitan identificar cada variedad de papa y su valor nutricional. Trabaja con doce variedades y aunque no las recuerda todas, intenta nombrarlas: ojos catires, arbolona negra, angostureña, amarilis, andinita, arepita, papa de año y un largo etcétera.

José Sánchez, de 26 años apenas, se desempeña como biólogo del Laboratorio de Polisacáridos Vegetales. Su trabajo consiste en investigar la composición nutricional de distintos tubérculos y raíces.

En el marco del macroproyecto donde están involucrados los tres laboratorios, se dedica a conocer la digestibilidad de los productos en los seres humanos, cantidad de almidón disponible, almidón resistente, proteínas, carbohidratos, ceniza, humedad, etc.

Actualmente está trabajando con tubérculos y raíces como las papas merideñas, encontrando que la variedad que posee mejor caracterización nutricional y es más aprovechable en la digestibilidad del ser humano: la angostureña.

Entre otros hallazgos, el laboratorio ha logrado obtener una síntesis de harina de zanahoria que puede dar paso a su comercialización. Nos comenta que en la búsqueda de crear conciencia en torno a la comida inteligente, están advirtiendo a los agricultores del páramo que los granos en general no aportan los nutrientes completos al ser humano, por lo que es necesario que vayan acompañados de arroz o tajadas para completar los 21 aminoácidos requeridos. Un plato de caraotas con arroz y tajadas es equivalente a comerse un kilo de carne.

Esthefany Souquette, con 23 años, es otra de las más jóvenes del proyecto. Es tesista de biología y actualmente tiene la responsabilidad de analizar los almidones nativos provenientes de los tubérculos, haciendo las modificaciones físicas para producir una nueva molécula que se denomina pirodextrina de almidón, que tiene la propiedad de hacerse menos digerible en el colon, por lo que constituye un suministro adicional de energía para el cuerpo humano con aplicabilidad en personas diabéticas, que no pueden tener un consumo elevado y rápido de azúcares.

También puede ser utilizado como probiótico y para los estudios de prevención de cáncer de colon. Su trabajo de tesis consiste en encontrar un tipo de pirodexctrina que tenga un alto contenido de almidón resistente, o sea, que sea menos digerible para ser utilizado como alternativa de alimentos en personas con alguna condición de salud.

Frank Zárraga, de 24 años, trabaja en el Laboratorio de Nutrición Mineral de plantas silvestres, estudiando los hongos microrrísicos arbusculares, con relación a los procesos de restauración ecológica y agroecosistemas.

Su rol en el proyecto es el de que una vez producidas las plántulas in vitro, encargarse del proceso de adaptación inoculándolas con bioinsumos, para luego pasar al campo de cultivo en Mérida.

El objetivo es permitir mejorar los rendimientos productivos agrícolas con la menor utilización de agroinsumos convencionales. Su trabajo permite conocer las condiciones en que se pueden encontrar los suelos a partir del momento en que un particular lleva una muestra que es aislada para observar la cantidad de esporas que contiene y sus distintos morfotipos.

Su lenguaje es duro, claramente científico, pero no deja de destacar visiblemente emocionado que la tarea de aclimatar eficientemente la plántula cuando pasa al suelo, permite su mayor supervivencia y la productividad en nuestros campos, sin necesidad de usar químicos.

Siento que mi trabajo está influyendo no solo en el área productiva, sino a la vez en lo que respecta a la conservación de los suelos que es tan importante, sobre todo en el área de los páramos, con ecosistemas sumamente frágiles”.

SPF



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